Sobre Internación

Le decimos Doctor Larri por el chiflado de Los Tres Chiflados, por los rulos largos que le caen en los hombros, y eso que ya está bien pasados los treinta el goma como para andar con esa melena. Cómo se las arregló este tipo para arruinarle la vida a la madre y casi casi arruinársela a mi amiga Lele y a su nena. Cosas del amor joven: aun sabiendo de un episodio que lo tuvo internado y medicado por problemas en el bocho cuando tenía 19 años, mi amiga Lele se enganchó con él. Noches y trasnoches de lectura de clásicos, paseos para ver la luna, se hicieron una beba. No hay nada que hacer, la locura es intrínseca a la juventud y a la calentura.

Dr. Larri nunca trabajó. Vivía de Lele y de su propia madre. Su rayadura era para mí cada vez más patente; paseaba a la beba a la medianoche por la estación de trenes, almorzaba a las 5 de la tarde, rompía autos estacionados en las veredas, cantaba arias de ópera en las plazas. Qué se yo. Lele tomó valor y un día lo echó del departamento que ella alquilaba, obvio. Dr. Larri le preguntó, mientras embalaba sus petates, si ella pensaba levantarse al vecino del departamento 4, porque si ella no iba a intentarlo entonces capaz qué él sí lo intentaba, porque qué bueno que está el del departamento 4. Uh este flaco, cualquiera, pensé yo. Y Lele y el del departamento 4 se empezaron a ver, siguieron viéndose hasta hace un año. Dr. Larri se empezó a vestir de mujer, se quedó con mis tangas y un par de calzas ahora que pienso, comenta Lele; mamá, dice papá que después él va a ser mujer, avisó una vez la nena.

Dr. Larri cayó una tarde a mi casa. Charlamos, se comió medio bizcochuelo de chocolate él solo y una banana, me dijo que yo necesitaba conseguirme un trabajo más porque con el que tenía no me alcanzaba. Che este flaco está mal, le digo a Lele. Lele confiesa: hay una causa judicial por internación en hospital psiquiátrico. Hacía bardo, lo denunciaron, lo agarraron. Tuvo un episodio de violencia física en la comisaría. Y violencia contra Lele, le tiró con un minicomponete por la cabeza, que dio contra la pared. Pero nunca, nunca lo declaran insano.Éste te pasa cualquier pericia, tiene buenos intervalos lúcidos, dijo un conocido psiquiatra que consultó Lele. Es tan culto. Tan leído. Tan rayado, hermano.

Y así pasó el rato, pasó la separación, pasaron los meses. Dr. Larri veía a su beba, cosa que no le impidió hacerle un bombo a otra chica. Lele llevó esa vez a la piba embarazada en su auto hasta la casa, porque la panza. Y la última vez la vio llorando, a punto de parir, en la puerta de la casa de Dr. Larri, que la despedía peleando. Nunca más apareció esa chica. Y llama la madre de Dr. Larri, que el pibe le pide plata, que la acosa, que le pega. Y Lele confiesa revoleos varios de cosas por la cabeza, que también le pedía plata, y calzas.

Mujeres a la deriva, pendientes de lo que hacía el loco este. La madre, débil, jubilada. La nena, débil, chiquita. Lele, la única medianamente estable en el asunto, cargando con la beba, con el pensamiento de que si Dr. Larri la encuentra a ella la mata, con esa abuela que no ayuda, con el hermano varón de él que es guay! psiquiatra, y jamás dio bola a la locura de su hermano, con la propia madre de Lele que la jode con que no te pase algo a vos porque si no qué va a ser de esa nena.

Y no lo vimos más, hasta que lo vimos de vuelta. Estaba sin los dientes superiores de adelante. Con sus rulos largos. Flaco. En la plaza, cantando arias, vestido de blanco. Y después se apareció en el laburo de Lele, y sí Lele llamá a la policía. Y el 911 paja, que no lo agarra, porque se le pierde entre las calles, porque los canas, fumando en la camioneta, y Dr. Larri es una liebre, y vos sos abogada mostrame tu credencial a ver. Hasta que lo capturan finalmente pero sabés que lo tuvimos que largar, dice la encargada del operativo, porque en la clínica no hay cama. Pero quedate tranquila porque está manso eh. No pasa nada. Si se te aparece de vuelta, llamanos.

Lele decidió no llamar más un carajo al 911, a ver si encima resulta que queda ella como una loca histérica. Ah, Lele, y manda decir el gerente que arregles tus asuntos personales por la puerta de atrás, que por acá por la recepción no vengan tus ex porque la imagen de la empresa, sabés.

Y esta es, en breve, la triste historia de tres mujeres, atadas entre sí con una cadena -difícil de cortar- a las peripecias de un loco suelto por la ciudad, que canta ópera, que las busca, que les pide plata, que esperará a que su madre muera para vivir en su departamento, que esperará a su ex afuera del trabajo para acogotarla con sus manos de artista, que esperará a que su nena sea mayor para que lo mantenga.

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