¿Qué es el Estado Islámico? Parte I

El Estado Islámico tiene su origen en el grupo terrorista Monoteísmo, creado en 2003 en Irak por el jordano Abú Musaáb al Zarqaui, uno de los que lideró la insurgencia contra la ocupación estadounidense en Irak. Convertido en una filial de Al Qaeda en Irak, cambió su nombre por el de Organización de Al Qaeda en el País de los dos Ríos (en referencia al Tigris y al Éufrates). Además de tropas norteamericanas, atacó iraquíes de confesión chií.

En 2006 el grupo pasó a denominarse Estado Islámico de Irak. Al igual que otros grupos insurgentes, fue derrotado por las tropas iraquíes y norteamericanas,  y su líder abatido.

Luego de todo esto, parecía que el grupo había sido aplanado y derrotado definitivamente, hasta que la guerra civil en Siria le dio su gran oportunidad. A partir de 2011 rompe relaciones con Al Qaeda.

Valiéndose de la guerra civil en Siria y la desazón de los suníes en Irak ante el gobierno chií, el Estado Islámico se ha abierto paso, ha puesto un territorio bajo su control, el cual piensa seguir ampliándolo, y ha proclamado un califato. La construcción histórica de esta acción fue cuidadosamente premeditada.

Ibrahim Awad Ibrahim al Bradi al Samarraí es un iraquí de 43 años, doctor en Estudios Islámicos por la Universidad de Bagdad. Durante la década pasada con el nombre de guerra Abú Bakr Al Baghdadi participó en la insurgencia contra la ocupación de EEUU a Irak y pasó varios meses encarcelado. Desde Junio de 2014 el mundo lo conoce como el califa Ibrhaim. Bajo su liderazgo, que alcanzó en mayo de 2010, el Estado Islámico de Irak y del Levante ha pasado a ser un grupo terrorista de segunda fila a convertirse en la primera amenaza para la seguridad mundial, llegando a desbancar la primacía de Al Qaeda como abanderada de la yihad global. ¿Cómo se produjo esto? Una de las claves es precisamente el uso que Al Baghdadi ha hecho de los referentes históricos, en concreto, con la proclamación de un califato, lo que ha sacudido el imaginario de una parte del mundo musulmán.

El uso de elementos relativos a la historia del islam por parte de Al Baghdadi ha sido constante, y ha ido mucho más allá de la llamada a la yihad que lo venía haciendo Al Qaeda. El 29 de junio de 2014, justo después de conquistar Mosul, segunda ciudad más grande de Irak, Al Baghdadi proclamó la creación de un califato en los territorios que controla entre Irak y Siria. Unos días después, en su primera aparición pública a cara descubierta, Al Baghdadi se proclamó califa en la mezquita Al Nuri de Mosul.

¿Porqué Al Baghdadi toma el título de califa y no, por ejemplo, el de sultán? Si bien a lo largo de la historia el califa ha estado ocasionalmente desligado del poder terrenal, siempre ha conservado el contenido religioso. El califa es el responsable del mantenimiento de la unidad de la umma (la comunidad de los creyentes) y de conducir la yihad. Así, en la literatura de la época omeya, a los califas se los consideraba “espada de Dios” y por tanto invencibles, pues tenían la divinidad de su lado.

Fascinación por el califato

El impacto en el mundo musulmán del anuncio del Al Baghdadi fue muy grande. Por una parte restauraba el califato, un modo de gobierno que aúna la autoridad religiosa y terrenal y que se suele relacionar con los primeros y más brillantes tiempos islámicos. Por otro lado Al Baghdadi declaraba ese nuevo estado en un territorio que rebasa la frontera entre Siria e Irak. La creación de una figura que deja sin sentido los límites geográficos despertó en muchos la idea del desprendimiento del legado occidental (límites establecidos por Francia y Gran Bretaña en el Acuerdo Sykes-Picot de 1916) que ha dividido y debilitado el mundo islámico y la intención de construir un ente transnacional.

Otra diferencia con Al Qaeda es que este último promueve la participación en un grupo terrorista radicado en la clandestinidad, mientras el Estado Islámico promueve un califato real asentado en un territorio concreto. Esto ha llevado a miles de jóvenes a presentarse como voluntarios para la lucha, como también fanáticos que se desplazan con sus familias, bajo la convicción de que vivirán en un territorio regido por la ley de Dios.

Para entender la relevancia de esta proclamación es necesario establecer por qué el término califato tiene tanta atracción en ciertos musulmanes. El califato representa una forma de gobierno vinculada a la idead de una edad de oro del Islam, la de un paraíso perdido en el que los fieles estaban unidos y la umma era poderosa.

Los cuatro primeros sucesores de Mahoma fueron los califas Abú Bakr, Omar, Ozman y Alí. Para asentar su influencia estos hicieron circular numerosos relatos de acciones atribuídas al profeta. En ellos se legitima la figura del califa, que en esta etapa concentra los poderes religiosos y terrenales. Durante los cinco siglos siguientes, juristas y teólogos islámicos han ido dando forma a un corpus en el cual se erige un sistema coherente que permita la gestión de todos los aspectos de una sociedad.

La rápida expansión territorial que llevaron adelante los primero califas – que desde Arabia ocuparon buena parte de Medio Oriente y el Norte de África – ha reforzado la idea de que el sistema de gobierno basado en el califato es el más poderoso. Más tarde, los califas omeyas siguieron ampliando territorios. Tras su destrucción por los mongoles en el siglo XIII, el califato fue restaurado primero por los mamelucos en El Cairo, y más tarde por los otomanos en Estambul, hasta su definitivo hundimiento tras el derrumbe del Imperio Turco a raíz de su derrota en la Primera Guerra Mundial. Para quienes integran y quienes se suman al Estado Islámico el califato representa una forma de recuperar el poderío y el respeto mediante la forma de gobierno que hizo aquello posible hace 1400 años.

Con abasíes y mamelucos, el califa pasó a ser sólo el líder religioso de la comunidad. La autoridad política quedó en manos de otros, habitualmente del sultán.

Simbología

Al Baghdadi recurre a elementos de los primeros años del califato. Nombres de guerra referentes a Mahoma, la denominación escogida como califa, Ibrahim, alude a Abraham, considerado un profeta por el Islam. Asegura también ser descendiente de Mahoma, por lo que en su proclamación exigió a todos los musulmanes la rendición de pleitesía. Además de rescatar la figura del califa de la historia, también le permite apelar a algo de gran importancia: en la antigüedad los califas establecían la sharía, la ley islámica.

Durante su expansión por Siria e Irak, el líder del Estado Islámico ha utilizado referencias históricas como el jizya. Se trata del impuesto que se hace pagar a los habitantes de otras confesiones a cambio de protegerlos. Bajo este mecanismo han llevado adelante saqueos a muchas familias sin dejarles otra opción que emigrar a otras tierras.

Nada queda librado al azar para el Estado. Incluso la geografía se ha rebautizado a partir de la historia. La zona que engloba Siria, Jordania, Israel y Palestina es llamada Al Sham, una antigua denominación. Egipto es Al Kinana, por el nombre de la primera tribu árabe que se instaló allí. Y así distintos países, todos rebautizados desde una mirada histórica. Su bandera también ha sido diseñada teniendo en cuenta la construcción simbólica. Su color, el negro, representa el estado de guerra en el Islam. En sus primeros ejércitos Mahoma portaba la raya, una bandera negra confeccionada con el velo de su esposa Aisha. En la parte superior de la bandera del Estado Islámico aparece la frase “no hay más Dios que Alá”. En el centro, en lo que parece un círculo irregular puede leerse, de arriba a abajo, “Alá” “profeta” “Mahoma”.

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