Nombres subterráneos

subteanagramas

El subte es un sistema pensado para la síntesis. Para ir de A a B lo más directamente posible, sin interrupciones innecesarias ni pérdida de tiempo. Como un metrobus, pero abajo de la tierra.

Para lograr la mayor eficiencia, es necesario crear una señalización ágil, que ayude a las personas a saber dónde están. Bajo la tierra es todo igual. No hay ninguna forma de ubicarse. Y es por eso que los animales subterráneos han perdido los ojos. El Homo sapiens, en cambio, necesita indicaciones claras.

Por ese motivo, las estaciones de subte han recibido el nombre de las calles adyacentes. Una línea suele correr bajo una calle que cruza otras, y las estaciones tienen el nombre de las calles perpendiculares a la línea. O de alguna referencia urbana clara. Esto ayuda a que todos se ubiquen y nadie pierda tiempo, que es el objetivo del subte.

Sin embargo, diversos entes legislativos han hecho la nomenclatura menos clara. Muchas estaciones, en lugar de tener el nombre que naturalmente deberían recibir, tienen otro. Y la gente que no sabe los vericuetos correspondientes, se pierde.

Los cambios obedecen a tres categorías:

  1. Repeticiones. Alguien decidió que no era buena idea que dos estaciones de distinta línea, ubicadas sobre la misma calle, recibieran el nombre de esa calle. Entonces se usaron nombres de otras calles, muchas veces menores. De esta manera:
    – La línea D tiene una estación en la avenida Lacroze, que se llama Olleros.
    – La estación José María Moreno de la línea A, desde que se inauguró la homónima de la E, se llama Acoyte, aprovechando que Rivadavia divide nombres.
    – También en la línea A, la estación que está en Rivadavia y Av. La Plata se llama Río de Janeiro. La Río de Janeiro de la B ahora se llama Ángel Gallardo, aunque todavía se puede leer el nombre original al mirar con cuidado los azulejos que quedan en los carteles pintados de blanco.
    – En la línea H hay estaciones en las avenidas Belgrano, San Juan y Garay. Sin embargo, recibieron los nombres de Venezuela, Humberto I e Inclán. El caso de Inclán es llamativo, porque tanto quedó la costumbre de la calle adyacente que no hay ninguna Garay construida o proyectada en la red. Sin embargo, no hay estación Garay.
  2. Motivos políticos. A muchos gobernantes les gusta dejar su marca, o por lo menos una marca ajena. Entonces:
    – Durante el peronismo, afecto a los autohomenajes, la estación Retiro de la línea C se llamaba Presidente Perón, Diagonal Norte era Eva Perón, y Facultad de Medicina era Justicialismo. Estos cambios no sobrevivieron a 1955, cuando el militar golpista de 1943 fue derrocado por los militares golpistas de 1955.
    – Las dos últimas estaciones de la línea A iban a ser Flores y Nazca, de dos sílabas con punch. Pero bastante tiempo antes de inaugurarse cambiaron por San José de Flores y San Pedrito, ambos nombres técnicamente adecuados, pero más largos y de santos.
    – La actual terminal de la línea B, que iba a ser Villa Urquiza, por estar en ese barrio y por ser vecina a la estación ferroviaria de ese nombre, de pronto se llama Juan Manuel de Rosas. El motivo oficial es que la calle en la que está ubicada, Monroe, hace cuarenta años duante un breve lapso se llamó Rosas. El resultado es que ahora aparece el nombre de la figura del billete de 20 pesos en toda la línea, anunciando el destino. Podría haberse usado el nombre Monroe, pero es aparente que ser un gobernante extranjero es un demérito absoluto para tener una estación de subte con su nombre.
    José Hernández, en la línea D, está sobre la calle Virrey del Pino y así se iba a llamar. Pero al ser inaugurada cerca del 10 de noviembre, se decidió que era mejor el nombre de la calle ubicada una cuadra más lejos. Del Pino es otro gobernante extranjero que cayó bajo el impulso soberano de la nomenclatura subterránea.
    – Hace poco fue aprobado el cambio de la terminal de la línea E, Plaza de los Virreyes, por Eva Perón. Otro impulso soberano, que resulta confuso, porque un buen tramo de la línea transcurre bajo la avenida Eva Perón (antes Del Trabajo) o paralelo a ella, bajo la autopista. La excusa es que justo al llegar a la terminal la línea se acerca a la traza de la avenida Eva Perón, interrumpida por la plaza que aparentemente ya no se llama más “de los Virreyes”. Nombres adecuados para esta estación podrían ser los de las calles que rodean a la plaza: Dellepiane, Lafuente, o San Pedrito. Este último, sin embargo, hemos visto que ya está ocupado.
  3. Homenajes. Resulta muy popular la noción de que los nombres de estaciones son homenajes. Es por eso que Moreno, de la línea C, que se llama así por estar en la calle Moreno, se denomina “Mariano Moreno”. Lo mismo “General Manuel Belgrano” en la línea E. Es perfectamente adecuado aprovechar que está el nombre para hacer algo alusivo, pero se elige completar el nombre para hacerlo mucho más largo que lo que sería necesario. Otros casos más problemáticos:
    – En la línea B estaba la estación Agüero, que en los ’80 se cambió por Carlos Gardel. Es la zona del Abasto, asociada con Gardel, y la calle con su nombre está muy cerca. Se eligió el homenaje por encima del nombre más obviamente adecuado para la estación, el mismo que todo el mundo usa para referirse a su zona de influencia: Abasto.
    – Las dos estaciones Canning, de las líneas B y D, cambiaron de nombre con la avenida. En la B se decidió usar la calle lateral Malabia, para evitar más vueltas y de paso para no repetir. Malabia parecía el nombre definitivo. Pero alguien decidió que era imperante que tuviera también el nombre de un músico que vivía por la zona, y entonces la estación es Malabia – Osvaldo Pugliese.
    – El multifacético Rodolfo Walsh (escritor, periodista y terrorista) fue secuestrado en un acto de terrorismo de estado en la zona de San Juan y Entre Ríos. Décadas después, alguien decidió que era adecuado informar a la población del lugar donde ocurrió ese hecho, y que la mejor manera de hacerlo era darle su nombre a la estación, que a partir de entonces es Entre Ríos – Rodolfo Walsh. Este simple homenaje recuerda a una persona admirada por un sector de la población, con el bajo precio de humillar a sus víctimas.
    – La estación Once de la línea H, que en cuatro letras ubica exactamente al pasajero, ya no se llamará así. Por unanimidad, la legislatura de Buenos Aires le dio el nombre de 30 de diciembre, que es la fecha en la que ocurrió el incendio de Cromañón, a dos cuadras de ahí (y más cerca de Plaza Miserere de la línea A).

Los cambios arbitrarios o semiarbitrarios pueden continuar. Se han venido dando en los últimos tiempos con gran velocidad, sin que nadie modifique cuestiones directamente erróneas de los nombres existentes, como que la estación Facultad de Medicina está en la puerta de Ciencias Económicas (edificio que antes era de Medicina).

El caos nomenclatorio tarde o temprano deberá ser arreglado. En vista de eso, cabe proponer algunas reglas simples que estaría bien aplicar:

  • La estación debe tener el nombre de la avenida o calle más cercana, o el hito urbano destacado más cercano.
  • No importa que haya repetición de nombres, excepto que eso induzca a confusión (Congreso de Tucumán se llama así para que nadie piense que está en el Congreso, y es una solución algo emparchada pero satisfactoria). Nadie confunde a Callao y Pueyrredón de las líneas B y D. Los nombres repetidos en líneas paralelas ayudan a la ubicación del que no conoce bien.
  • Las estaciones de combinación pueden perfectamente tener el mismo nombre. Nadie confunde a Independencia de la línea C con la homónima de la E. Por ejemplo, las estaciones de combinación de las líneas B, C y D podrían llamarse Obelisco las tres.
  • El nombre debe ser lo más corto y directo posible, sin agregar cargos o rango militar. General Urquiza debería ser Urquiza, General San Martín debería ser San Martín, Ministro Carranza debería ser Dorrego.
  • Los carteles indicadores pueden señalar la dirección de cada vía. Por ejemplo, en la línea E actualmente se puede ir “a Bolívar” o “a Plaza de los Virreyes”. Sería mucho más claro si fuera “al este” y “al oeste”, o “al centro” y “a Flores”.
  • Para homenajear a alguien se puede hacer un mural en la estación que sea, y nadie se verá molestado.

La idea es que el viaje en subte sea, como debe ser, directo y sin interferencias.

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  1. Hola ! Felicitaciones por el trabajo y por la redacción ! – Se olvidaron que CARRANZA lleva el nombre de un Ministro de Alfonsín que se hizo bueno antes de morir pero que en el 55 LE PUSO UNA BOMBA AL SUBTE A en ESTACIÓN PLAZA DE MAYO durante una Convocatoria de Perón en la Plaza de Mayo, CON MUERTOS Y TODOS !! – Astillas quedaron de un coche de madera de la A.

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  2. LakLak

    Pero lo que planteas va en contra de la logica infradotada media argentina, los idolos de barro y la pelotudes maradoniana.
    Me haces acordar a mi, cuando sueño con independizar la Patagonia y convertirla en una potencia tecnologica emplazada en el mejor paisaje del mundo 😀

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