Recuperemos la identidad

Nos han robado la identidad. Nos la cambiaron por algo de mucho menos valor. Es preciso que la recuperemos.

Desde hace un tiempo, cunde en nuestra sociedad la certeza de que la identidad son los padres. En particular, los padres biológicos de una persona. Según el postulado vigente, ése es el único elemento de la identidad. Quienes propagan este pensamiento son los que se han robado la identidad. Nos han dejado en su lugar una caja hueca.

La identidad era mucho más. Era algo que cada persona construía, de acuerdo a su origen y su desarrollo. Era qué hacía cada uno con sí mismo. Contenía a los gustos, los acontecimientos de la infancia, la personalidad, los amigos, los trabajos realizados, todo lo que a cada persona hacía suyo. Era un concepto difícil. Mucha gente se hacía una idea errada de su propia identidad. No todos hacían el trabajo necesario para conocerla bien. Sin embargo, la tenían.

La identidad era algo netamente individual. Tenía influencia en las otras personas, pero cada persona era distinta, y la identidad estaba constituida, principalmente, por lo que hacía a cada persona distinta de las demás.

Ahora es distinto. Los que saben o creen saber quiénes son sus padres, ya creen tener la identidad, aunque sólo posean su cáscara. Mucha gente piensa que la identidad puede estar presente en un documento, como el “nacional de identidad” o la partida de nacimiento (con las enmiendas pertinentes). Han sido engañados, y con ese engaño pierden una parte muy importante de sí mismos.

Debemos reclamar enérgicamente la devolución de la identidad, y el fin del vaciamiento y usurpación de ese concepto vital para la sociedad.

Hay quienes confunden este reclamo para recuperar la identidad con un repudio hacia quienes buscan a sus verdaderos padres, y a los padres que buscan a hijos o nietos que les han sido sustraídos. Esta actividad loable y apartidaria de búsqueda de una parte de la identidad de una persona es muy bienvenida, y es gratificante cuando alguna verdad sale a la luz con el consentimiento del principal interesado. Sin embargo, algunos de los que descubren su origen biológico de esta manera sufren en el mismo acto el robo de su identidad, y su reemplazo por la información recién obtenida.

De pronto, todo lo que hicieron antes, lo que creían que eran, se vuelve irrelevante. Ya no son lo que eran: pasan a ser lo que eran envuelto en lo que podrían haber sido. Se les asigna otro nombre, y un número de dos o tres cifras que los identificará para siempre.

Debemos repudiar a aquellos que nos roban algo tan importante. Exploremos nuestra propia identidad, y asegurarnos de que no haya sido vaciada. Busquemos saber de qué estamos hechos, quiénes somos y qué nos hace quiénes somos. Echemos luz en nuestro interior. No nos definamos en torno de acciones o ideas ajenas. Nutrámonos de nosotros mismos. Y tratemos de rescatar a aquellos que han sido persuadidos de que la identidad es lo que no es.

Todavía estamos a tiempo. Todavía podemos recuperar la identidad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: