Quiero ser de izquierda

Vamos a ponernos de acuerdo: la denominación “izquierda” o “derecha” para definir a una persona por sus ideas políticas es unidimensional y por lo menos incompleta. Una simplificación, que es muy usada, y mucha gente no tiene problemas en decir que es de izquierda o de derecha, sin que quede del todo claro qué quiere decir cada uno.

Durante un tiempo pensé que era de derecha, y no lo consideraba un problema. Más que nada, pensaba que era de derecha porque mis ideas eran muy distintas a las de los que decían que era de izquierda. Luego, al considerar lo que era la derecha, concluí que no, no era de ésos. Y tampoco de izquierda. Era tal vez de centro, pero nunca ultracentrista. Siempre fui moderado.

Mi versión de la derecha son los conservadores, los que piensan que las cosas están básicamente bien como están, y no hay que hacer cambios importantes. Los que no tienen problemas con que una cantidad de gente tenga menos derechos que los demás. También son los más creyentes, los que predican dogmas de la iglesia católica, y los que piensan que las limosnas son lo mejor que se puede hacer por los pobres.

Mi versión de la izquierda, por el contrario, es lo opuesto a eso. Son los que quieren que muchas estructuras vetustas cambien, los que buscan mayor igualdad de poder político y económico, los que prefieren errar para el lado de los que por cualquier motivo tengan menos.

Si la izquierda fuera eso, yo sería fervientemente de izquierda. El problema es que la gente que dice ser de izquierda proclama algo así, pero lo que hace (y muchas veces también lo que dice) no tiene nada que ver.

No paro de ver gente de izquierda dogmática. En algún momento han decidido que quieren que todo esté en manos del Estado, sin importar en manos de quién está el Estado. Que las empresas son todas malas, que el fin de lucro es una porquería indeseable, que Estados Unidos es lo que echa a perder al mundo, y que los que no piensan como ellos son egoístas.

Defienden su idea de “lo público”, que para ellos es sinónimo de que las cosas estén en manos del Estado. Si eso ocurre, no les importa si funciona mal, o está en ruinas, o mal manejado, o permanentemente mugriento y/o peligroso. Prefieren todas las calamidades posibles antes de que lo que sea en lo que se enfocan esté en manos de un privado. Porque así no es “de todos”.

Es una posición dogmática, y por lo tanto no pensada. El automatismo de muchísima gente para pensar esa clase de cosas me sería difícil de creer si no lo presenciara todos los días.

La obsesión con el Estado es probable que sea un remanente del comunismo, y de la aspiración al comunismo que todavía tienen muchas izquierdas. No les importa que en todos los países en los que se aplicó haya sido un fracaso estrepitoso, que llevó a la pobreza a multitudes, mató de hambre a millones y terminó siempre en gobiernos de elites autoritarias horrorosas.

Es admisible pensar que el comunismo nunca fue bien aplicado, y que si se aplicara de alguna forma determinada, sería lo más justo para todos, o algo así. Podría hasta ser cierto. Pero no es necesario querer el comunismo para ser de izquierda.

Me gustaría ser parte de una gran izquierda republicana, opuesta a todo autoritarismo e inteligente. Una izquierda que sin automatismos fácilmente manejables por los que los conocen. Pero no existe, o es tan escasa que es lo mismo que si no existiera.

Quiero ser parte de una izquierda no violenta, y que no aplauda la violencia. Quiero ser parte de una izquierda que haya renunciado a admirar a Fidel Castro y al Che Guevara, y repudie los crímenes de ambos. Quiero ser parte de una izquierda que llame al régimen de Venezuela por el nombre que le corresponde, dictadura, y no ignore cuando esa dictadura somete a su pueblo a cualquier capricho arbitrario, o directamente, cuando matan o persiguen a los que se oponen.

Quiero ser parte de una izquierda que acepte el juego de la democracia, que sepa que a veces gobiernan los otros, y que hay cosas mucho peores que “que venga la derecha”, por ejemplo perder la república, que es lo que protege a todos de las mayorías.

Quiero ser parte de una izquierda que respete los derechos de todos. Que se abstenga de cazas de brujas. Que admita errores y cambie de opinión cuando quepa. Que no se piense más pura que los demás. Que no vea conspiraciones por todos lados. Que no reduzca la Historia a un juego hollywoodense de buenos contra malos. Que no crea que todo es culpa de Estados Unidos.

Quiero ser parte de una izquierda que acepte en general las leyes económicas, y discuta la mejor manera de eliminar las injusticias. Que no busque la redistribución de la riqueza, sino la distribución de la riqueza.

Quiero ser parte de una izquierda que admita a los privados. Que sepa que estatizar y privatizar son herramientas no absolutas que pueden estar bien en distintos casos. Que entienda que distintas ideas pueden funcionar, y que todos pueden equivocarse, incluso ellos.

Quiero ser parte de una izquierda que desafíe las estructuras de poder. Que las reforme a partir de un discurso honesto e inteligente. Que ejerza su rol con responsabilidad, siendo gobierno o no, mediante las instituciones republicanas. Que de una vez por todas deje de ser el obstáculo que es ahora.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: